miércoles, 15 de septiembre de 2010

LOS LEONES DEL CONGRESO

La curiosa historia de los leones del Congreso de los Diputados es un ejemplo claro para afianzar nuestra frase más internacional: Spain is different.

Todo comenzó en 1850, cuando se inauguró el edificio del Congreso de los Diputados. En el lugar donde hoy se encuentra los leones, se colocaron un par de grandes farolas que no fueron del agrado de los parlamentarios. Faltos de ideas, solicitaron los servicios de uno de los escultores de moda en la época, Ponciano Ponzano (Graciosos los padres), que además tenía fama de realizar trabajos rápidos y de calidad.
A Ponzano se le ocurrió la idea de colocar un par de leones, pero como España no se encontraba en esos momentos en un buen momento económico, decidieron que los leones debían ser de yeso y pintados con una pintura que simulara el bronce.

En 1851, se colocaron éstos leones con la ovación de todos, pero prácticamente un año después se encontraban en un estado deplorable. Tras los ataques de la prensa por el estado de las figuras, los políticos decidieron que había que reemplazarlos por unos leones fundidos en bronce de calidad, y se pusieron de nuevo en contacto con Ponzano, quien realizó un presupuesto excesivamente alto para las pretensiones del país.

Al romper las negociaciones con el escultor, decidieron poner dos leones en piedra, realizados por José Bellver. Fue otro fracaso, eran demasiado pequeños y más que leones parecían dos perros falderos cabreados. Los leones fueron vendidos.

Mientras que España seguía en decadencia, los políticos seguían discutiendo por los leones. Decidieron dejar el tema en manos del ejército, que se puso en contacto con una fundición de Sevilla. Éstos dijeron que era muy complicado, no tenían la maquinaria adecuada y que la única solución era fundirlos en París.
La reinsa Isabel II, recordando la invasión napoleónica unas décadas antes, no tenía a los franceses con muy buen recuerdo y dijo que sería una vergüenza para España que un símbolo fuera realizado en el extranjero, por lo que ordenó que se fundiera en Sevilla con la supervisión de...¡Ponzano!

Como no había dinero, decidieron fundir unos cañones incautados en la Guerra de Marruecos que se trajo España como trofeo de guerra.

Por fin en 1865, los leones, bautizados como Daoíz y Velarde, nuestros héroes del 2 de Mayo de 1808, fueron terminados y alabados incluso por la reina pero al ser trasladados a Madrid, un grupo de parlamentarios empezó a criticar el origen guerrero del bronce, argumentando que no podían representar al congreso dos figuras realizadas con material de guerra.

Se llegó a hablar incluso de su destrucción, pero en en 1872 dejaron el debate y se colocaron en el lugar que ocupan en la actualidad.

Cariñosamente, los castizos madrileños llamaron a los leones Benavides y Malospelos.


© Fini Calviño